“Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo;El que ande en el camino de la perfección, éste me servirá.” Salmos 101:6
"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;" 2 Pedro 1:19
lunes, 15 de mayo de 2017
miércoles, 10 de mayo de 2017
DEVOCIONAL DIARIO
"Envió su palabra, y los sanó,Y los libró de su ruina." Salmos 107:20
¡Cuánta necedad ha habido en nuestras vidas! El recuerdo de
nuestros errores muchas veces nos abruma, y viene a ser una carga
insoportable. ¡Cuánto no hemos pecado
contra nuestro Dios! Muchas veces fuimos
desobedientes a su Palabra y llevamos las consecuencias (algunas nos persiguen hasta el día de hoy y
permanecen como cicatrices en nosotros).
Tal vez nuestros pies se deslizaron hasta las puertas de la misma muerte
eterna. Pero ha sido tan grande la
gracia de Dios, que nos ha dado salvación sin merecerla. Que este Dios de amor se inclinó a nosotros,
y escuchó nuestros débiles gemidos de dolor, en medio de la angustia, y nos
socorrió.
“Envió su palabra y los sanó”. Cristo es la Palabra del Padre, el Verbo
hecho carne (Juan 1:14). Fue enviada
para nuestra salud completa. La palabra salud en el ámbito teológico tiene las
siguientes implicancias: Estado de gracia espiritual; Salvación del alma. En ese sentido es usada la palabra salud en
la Biblia Reina Valera de 1909, la misma que se tradujo salvación en la Reina
Valera 1960.
Cristo, el Verbo, fue enviado por el Padre para tu completa
salud, salvación plena.
“Y los libró de su ruina”.
La palabra ruina puede ser aplicada a lo económico, como también a lo
físico, espiritual y moral. Según la RAE
RUINA significa: Caer o destruirse algo; pérdida grande de los bienes de
fortuna; Destrozo, perdición, decadencia de una persona o de un grupo de ellas;
restos de uno o más edificios arruinados.
En cuanto a lo más importante de nuestra vida,
nuestra alma (Mateo 16:26), el hombre sin Cristo siempre está en un estado de
ruina, aunque por la abundancia de los bienes de este mundo el hombre no lo
note.
Pero Dios en su misericordia envió su palabra,
Cristo, y nos sanó, y nos libró de grande ruina.
¡Gracias a Dios por su don inefable! (2 Corintios
9:15)
DEVOCIONAL DIARIO
“No es así mi casa para con Dios; Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado, Aunque todavía no haga él florecer Toda mi salvación y mi deseo.” 2 Samuel 23:5
Este texto está incluido en las últimas palabras de David (2 Samuel 23:1). David admite su falta de justicia y rectitud. Él no mira el reinado que le precedió, ni cómo fue la vida de Saúl. Menos se compara con los reyes de las naciones vecinas. Él compara la vida y la conducta de su casa (su familia), con la bondad y la fidelidad de Dios, y dice: “no es así mi casa para con Dios”. Mi familia no ha sido un sol de justicia, no ha sido como lluvia en tiempo bueno que hace fructificar la tierra. Pero aún ha sido Dios ha hecho pacto conmigo, a pesar de mis muchos pecados y de que “varios años he luchado por ser bueno, y no puedo ni he podido ser mejor” (Himno 326) .David confía en la fidelidad de Dios, y sustenta su esperanza en que Dios no falla. Él sabe que Dios guardará su pacto porque Él no puede negarse a sí mismo. Aun cuando muchas veces no veamos la obra completa de Dios en nosotros, aun cuando muchas veces nos vemos lejos de lo que tenemos que ser, porque no vemos que haya florecido aun toda nuestra salvación, y no podamos ser como quisiéramos para Dios. Esto no deja tranquilo al cristiano, sino que produce en él un intenso deseo por buscar más de Dios y que Dios siga haciendo su obra en su vida. La tristeza que nos inunda por causa de una vida tibia, de poca entrega, de muchos pecados aún, de un carácter no formado, nos conducirá a Cristo. Pero al mismo tiempo, el creyente descansa y confía en el Señor, no en sus propias fuerzas.Dios es nuestra salvación, por tanto no temeremos. Dios siga haciendo su obra en nosotros, busquémosle con afán.
viernes, 5 de mayo de 2017
DEVOCIONAL DIARIO
"He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová." Amós 8:11
El profeta Amós pregonó al pueblo lo que vendría: días de angustia sobre la tierra, juicios divinos, oscuridad a mediodía, lloro y lamento como por hijo único. Tenemos un mal terrible que es no apreciar las bendiciones de dios mientras las tenemos a disposición. Por eso clama también Isaías: "Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto qeu está cercano" (Isaías 55:6). Pero nuestros obstinados corazones no escuchan. Piensa el hombre que tiene mucho tiempo para buscar a Dios, para arrepentirse, para santificarse, para hacer la obra de Dios, e ignora la fragilidad de su propio cuerpo como la fragilidad de todas las cosas que lo rodean.
Habrá sed y hambre de la Palabra de Dios. Hoy se han multiplicado los mensajeros, pero la Palabra buena es escasa. "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias" (2 Timoteo 4:3).
No busques lo que te agrada, lo que tu corazón engañoso desea, sino busca la Palabra de Dios hoy.
Cuando Jesús, el Verbo encarnado, estuvo en la tierra en medio de los hombres, haciendo bienes a todos, prodigios y milagros, no lo apreciaron, sino que lo despreciaron con fuerzas. Poco antes de que Cristo muriera en la cruz, al mediodía (a la hora sexta, Mateo 27:45), el cielo se oscureció. Cuando no hay Palabra de Dios, lo que tenemos es tinieblas. La Palabra de Dios en persona (Jesús) había estado en el templo, en sus plazas, en sus calles, en el lago de Genesaret, en el Jordán, en sus lugares más destacados, y no la oyeron. El Señor nos advierte que si rechazamos hoy el consejo de su palabra vendrá el día que la buscaremos y no la encontraremos.
DEVOCIONAL DIARIO
"Allí establece a los hambrientos, y fundan ciudad en donde vivir." Salmos 107:36
Dios es, sin duda, el soberano de la Tierra. Claramente las Escrituras nos muestran a un Dios Todopoderoso, que cumple su propósito en los hombres, que envía su palabra y ésta cumple la función para la cual fue enviada. Sus obras son perfectas, y sus planes infalibles. Este es el Dios que es capaz de hacer de un valle fértil un desierto, y al mismo tiempo, convertir un sequedan en una tierra maravillosamente fructífera.
El Señor prepara lugar para los suyos. En su tiempo los llama, pone la fe en ellos para que puedan acudir a su llamado y se levanten de los muertos. Él llama a los afligidos, a los endeudados, y a los que están en amargura de espíritu (1 de Samuel 22:2), les levanta y les da seguridad (JOb 5:11), y les da una heredad (Salmos 16:6), y los establece en ella (1 Pedro 5:10).
A los que no tenían nada de que sentirse orgullosos, les ha dado una cruz (Gálatas 6:14), y les ha dado una ciudad habitable, un lugar donde vivirá para siempre con el Señor.
Aquí todo es temporal, todo tiene fecha de vencimiento, pero Dios ha preparado para los suyos una morada eterna (HEbreos 13:14)
¡Cuánto gozo hay en los hijos de Dios, aquellos que han sido consolados y saciados!
¡Con razón Jesús los llama "BIENAVENTURADOS"!
miércoles, 3 de mayo de 2017
DEVOCIONAL DIARIO - Sin palabras
Ni es oída su voz." Salmos 19:3
Sordo es el hombre de nuestro tiempo, nos movemos como hormigas con la cabeza agachas y solo cambiamos de rumbo cuando chocamos con otro.
¡Cuán difícil se en nuestros días detenernos a ver la gloria de Dios en la creación! ¡Cuánto se han agravado nuestros oídos para no oír, y cuánto se han nublado nuestros ojos para no ver, y nuestra mente para no entender!
El hombre toma las palabras de Tomás y dice: "si no viere... no creeré" (Juan 20:25), pero el Apóstol Pablo dice que "las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa (Romanos 1:20). Dios se revela y habla a los hombres a través de las Escrituras (Revelación Especial), pero también Dios se muestra a los hombres y les habla a través de la creación (Revelación General). Si una pequeña tribu aislada en lo profundo de una selva, o en lo más lejano de un polo nunca ha oído las hermosas palabras de vida del Evangelio, aún así no podrían negar que hay un Dios. Hay demasiada evidencia de que Dios existe.
El rumor de las aguas de un torrente, el brillo del sol, la belleza caprichosa de las nubes, los colores en el cielo al atardecer, todo nos habla de Dios. No hay palabras, ni es oída su voz, pero la creación exalta al Creador, lo alaba y nos muestra su gloria.
Si el hombre natural no puede oír las palabras de Dios (Juan 8:47), ni tampoco es capaz de oír la voz de la creación, no seamos nosotros sordos.
A nosotros se nos ha revelado por el Evangelio, y ahora podemos ver más claramente. Ahora Dios ha abierto nuestros oídos y nuestros ojos.
Ahora que podemos oír y que podemos ver, apreciemos la belleza de la vida y glorifiquemos a Dios por su misericordia. Reconozcamos a Dios en todos nuestros caminos (Proverbios 3:6).
martes, 2 de mayo de 2017
DEVOCIONAL DIARIO
"Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?" Lucas 23:40
Dos ladrones acompañan a Jesús en sus últimas horas, y cuán dramáticamente nos muestra este cuadro la historia de la salvación. la vida y la muerte están en ese cuadro. La salvación y la condenación juntas al mismo tiempo. Jesús está cumpliendo una misión, pero estos ladrones están a las puertas de la eternidad. Por gracia, a uno de ellos le fueron abiertos os ojos para ver al Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (1 Timoteo 4:10). Sin embargo, el otro ladrón se había endurecido a tal grado, que estando ante las puertas de la eternidad permanecía incrédulo. Es cierto que en forma natural nadie se arrepiente solo por estar ante la misma muerte, como es muy poco probable que el temor y el arrepentimiento que algunos muestran cuando sucede un terremoto o alguna otra catástrofe sea permanente y verdadero.
Muchas veces pensamos como el ladrón que reprendió al otro. ¿Cómo es posible que tal persona no se arrepienta, siendo que Dios lo sanó? ¿Cómo es posible que no se arrepienta siendo que Dios lo ha librado de la muerte tantas veces? ¿Cómo es posible que no se arrepienta y se rinda ante Dios siendo que está pasando una situación tan difícil o por una enfermedad tan terrible?
Cuando pensamos así estamos poniendo el arrepentimiento y la fe en Cristo en un plano natural, como si no fuera una obra de Dios en el corazón del hombre sino algo que el hombre hace por su propia voluntad. Olvidamos que el corazón de los hombres está endurecido por el pecado, olvidamos que mientras el Hijo no nos liberte, nadie es verdaderamente libre, sino esclavo del pecado (Juan 8:34, 36).
Nos queda a nosotros pensar que cada día estamos ante Dios, y que no sabemos el día de nuestra muerte. No estamos en una cruz como aquellos ladrones, pero estamos expuestos a la muerte, en cualquier momento. Esto nos debe motivar a amar a Cristo, que nos ha salvado, con todas nuestras fuerzas, a vivir en arrepentimiento delante de Él, porque estamos a las puertas de la eternidad aunque no lo veamos.
¿Está alguno tan endurecido que sabiendo estas cosas no teme a Dios? ¿Está alguno tan ciego que no puede ver al Salvador a su lado y que con tierno acento le llama al arrepentimiento? ¿Ni aun en la situación que te encuentras temes tú a Dios?
"A Jehová de los ejércitos, a él santificad; seas él vuestro temor, y él sea vuestro miedo." Isaías 8:13
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