"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;" 2 Pedro 1:19

martes, 18 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO

"Y yo los fortaleceré en Jehová, y caminarán en su nombre, dice Jehová." Zacarías 10:12.


Aun siendo un pueblo pequeño ante los pueblos vecinos que constantemente los amenazaban, Israel contaba con una gran ventaja: Dios.
Muchas veces ellos sufrían con el ataque de otros países como un castigo de parte de Dios, aún así Dios cumplía su promesa hecha a los padres (Abraham, Isaac y Jacob), y también las promesas hechas a David, y los preservaba, los protegía y los libraba de sus enemigos por poderosos que fueran.  siempre el poder de Dios se muestra en sus hijos, y la única manera es que nosotros seamos debilitados.  Cuando nosotros  nos vemos afligidos a tal punto que nos damos cuenta que nosotros no podemos salir del problema, o no podemos hacer lo que Dios nos ha mandado a hacer, entonces Dios se manifiesta.  En nuestra pobreza, en nuestra debilidad e incapacidad, Dios se glorifica.  
Nuestra fuerza no está en nuestra voluntad, en nuestro intelecto, en nuestro ánimo, ni en nuestros propios recursos, sino en el Señor.  
Pablo lo vivió y lo enseñó claramente: "Si es necesario gloriarse, me gloriaré en los que es de mi debilidad" (2 Corintios 11:30).  Y David dice: "Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el el que levanta mi cabeza."
Dios nos fortalecerá para que andemos en sus caminos.  Sean cuales sean las dificultades, luchas y carencias que enfrentemos, Dios nos dará la fuerza para hacer su voluntad, para cumplir el ministerio que él nos ha encomendado, para vivir en santidad delante de su presencia, perseverar en la fe y permanecer en Cristo.  Aunque estés ahora lleno de pecados y rodeado de tentaciones, Dios puede levantarte y hacer que vivas delante de Él.  Basta que mostremos nuestra debilidad, nos humillemos y nos arrepintamos delante del Señor.
"Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza."  Efesios 6:10

lunes, 17 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO

“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;” 1 Pedro 1:13

En tiempos bíblicos, la vestimenta de los hombres no era como la actual.  Como hemos podido ver representada en infinidad de películas, series y otros, sabemos que generalmente usaban vestiduras holgadas, ropas amplias, túnicas largas.  Esta clase de ropa tenía su razón de ser, y tenía su utilidad.  Esta túnica que se utilizaba en algunos casos llegaba hasta los tobillos, por lo que obviamente podía estorbar para caminar o correr.  Así que lo que había que hacer era “ceñir los lomos”, es decir, sujetar la túnica con un cinto. Solo se usaba el cinto cuando se salía de la casa. 
Esto simboliza entonces, que así como en aquellos tiempos se sujetaba la larga túnica con un cinto, así mismo debemos también sujetar nuestros pensamientos e inclinaciones.  Sujetar es lo contrario de dar rienda suelta.  Debemos sujetar nuestra mente a la voluntad de Dios revelada en la Palabra del Señor.  No debemos dejar que nuestras mentes divaguen y anden por cualquier parte, es sumamente peligroso.  “En el rostro del entendido aparece la sabiduría; mas los ojos del necio vagan hasta el extremo de la tierra.” (Proverbios 17:24).  El Señor guarda a sus santos, y por eso nos ha dado dominio propio, para que nos sujetemos, y no hagamos ni digamos locuras, ni nos precipitemos.  Seamos sobrios, no extravagantes. 
Lo que nos mantendrá sujetos y sobrios, será el esperar en la gracia de Dios, esa gracia que se manifestará completamente cuando venga Jesucristo por nuestras almas, sea en el arrebatamiento o sea el día de nuestra muerte. 
Espera en la gracia de Dios que vendrá.  Descansa totalmente, recuéstate en la gracia de Dios y no te impacientes, porque Él no fallará.  No hagas lo que no conviene por desesperación, sino espera por completo en Él, porque el que ha de venir vendrá y no tardará (Hebreos 10:37).


jueves, 13 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO - La más grande pregunta tiene la más grande respuesta

¿Cómo,  pues,  se justificará el hombre para con Dios?
 ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?   Job 25:4

Esta es la gran pregunta que se halla en las Escrituras: ¿Cómo puede ser justificado el hombre ante Dios?  Esta pregunta debe hacerse el hombre: Si soy pecador ¿qué puedo hacer? Cuando estamos delante de Dios, toda boca se cierra (Ro. 3:19), no hay argumentos con que nos podamos defender.  Hemos nacido en pecado, y cometemos pecados.  La Ley de Dios nos acusa (Juan 5:45), Satanás nos acusa (Zacarías 3:2), e incluso nuestra propia conciencia nos acusa (Ro. 2:15).
Dios es un juez justo, que no tendrá por inocente al culpable, y aborrece a todos los que hacen iniquidad.
En Dios no se halla falta ni mancha alguna.  Esto hace que nosotros nos veamos en un pozo todavía más profundo. 
El pecador está condenado, sin esperanza alguna, no tiene salida, debe pagar por su pecado.
Cuando estamos justamente con el agua hasta el cuello, aparece nuestra única defensa posible: El Evangelio de la Gracia de Dios, el cual anuncia a aquel que se arrepiente, que Jesús ha pagado por nuestra maldad, que Él ha recibido el castigo que nos tocaba, que Cristo fue a la cruz en nuestro reemplazo, que Él tomó nuestro lugar.  Él es nuestra justificación.
Siendo pecadores condenados, Dios nos declara inocentes.  Jesús se hizo pecado para que nosotros fuéramos justificados.  El bendito se hizo maldito para que nosotros fuéramos benditos.

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios,…” (1 Pe 3:18).

miércoles, 12 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO

"y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad." Números 16:48

Éste que se puso en medio es Aarón, el hermano de Moisés y primer sacerdote levita.  El panorama que aquí nos muestran las Escrituras es terrible.  Dios mira a un pueblo rebelde, al cual continuamente él bendice y lo rodea de bienes y misericordias, aún así permanece en su obstinación.   "Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor." (Romanos 10:21).  Es justo que se encienda la ira de un Dios Santo que aborrece el pecado, que no soporta ni siquiera ver la maldad.  Cuando la maldad se multiplica entre los hombres, la justa ira de Dios se acrecienta.  Vemos de manera especial cómo el pecado de la rebeldía y la obstinación traen la ira de Dios sobre nosotros.  Todo pecado es señal de rebeldía y porfía, ya que teniendo enfrente la palabra de Dios, y habiendo recibido muchas veces la lluvia de gracia sobre nosotros, aún así permanecemos endurecidos y sin arrepentimiento. 
Sobre la tierra abundó el pecado, toda clase de maldad hay en los corazones de los hombres, y va en aumento.  La paga del pecado es la muerte, pero el Señor en su gracia, mandó a uno que se pusiera en medio para que detuviera la muerte eterna. 
Cristo es la esperanza del pecador que sólo vive para esperar que la ira de Dios le fulmine. 
“Sólo Cristo y su sangre derramada,
por tan vil y malvado pecador,
Da perdón, da la vida, paz y gozo
y prepara para Dios el corazón.”

Así como en el antiguo pacto, Aarón era el elegido para detener aquella mortandad en el campamento de Israel, hoy Cristo es aquel “elocuente mediador muy escogido” (Job 33:23)  que puede pararse en medio del campamento de este mundo y a aquellos que tiemblan ante la santa ira de Dios por sus pecados, puede gritarles que Dios tuvo de ellos misericordia (Job 33:24). 
Es Cristo el único que puede ponerse en medio, así como hay un solo Dios, hay uno solo que intercede por ti, hay uno solo que murió por causa de tus pecados, hay uno solo que resucitó para que tú también tengas vida.  Jesús se puso entre muertos y vivos, pero hizo algo mucho más que Aarón.  Porque mientras Aarón se paró en medio con su incensario (y el incienso es tipo de la oración), Cristo al ponerse en medio de nosotros (muertos espirituales) y Dios (que vive por los siglos), soportó en su propia carne la justa ira de Dios, y absorvió el castigo por nuestra maldad.  Entró una sola vez sacrificándose a sí mismo e hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:14).

¡Bendito Dios de toda Gracia! ¡El cordero que fue inmolado es digno de toda gloria y alabanza! 

martes, 11 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO - Esto es gracia

"¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?" Romanos 11:35

En toda transacción humana, uno da y el otro le retribuye.  uno vende y el otro compra, uno hace y el otro premia.  Los intercambios de una cosa por otra no admiten que uno de los dos no cumpla con su parte.  
Pero en cuanto a Dios, ¿alguno de nosotros se atrevería a decir que le ha dado a Dios algo que le haya hecho merecedor de la salvación y la vida eterna?  ¿Algún don preciado hemos traído en nuestras manos del cual Dios haya tenido tal necesidad que se vio obligado a recompensarnos por haberle hecho el favor de dárselo?
Fue así como nos encontró Dios: 
"Y yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tus sangres, y cuando estabas en tus sangres te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tus sangres: ¡Vive!" Ezequiel 16:6
Mientras que nosotros esperamos una motivación para dar, mientras que buscamos condiciones para amar, Dios nos amó de pura gracia (Oseas 14:4).  ¿Qué ganaría Él con nuestro amor? Nada que no pudiera darse a sí mismo, y de hecho así lo hace.  Él se glorifica en nosotros, por la obra que Él hace, no por nada nuestro.  
Sólo nos queda maravillarnos de su amor tan grande hacia nosotros, sin haber nada con que podamos pagarle ni en lo más mínimo. 

"Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia." Juan 1:16 

lunes, 10 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO

“¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus habitaciones, oh Israel!  Como arroyos están extendidas, Como huertos junto al río, Como áloes plantados por Jehová, Como cedros junto a las aguas.”  Números 24:5-6
Balaam, el varón de los ojos abiertos.  El profeta mercenario (que profetizaba a sueldo), fue enviado a maldecir a Israel, pero le fue impedido por el Señor.  Intentó varias veces para cumplir con quien le había pagado, Balac, el rey de Moab.  Hasta que entendió que Dios quería que bendijese a Israel.  Entonces, siendo iluminado (ojos abiertos), pero no regenerado (corazón abierto), vio la bendición de Dios sobre el pueblo al cual quería maldecir.  Es imposible que alguien viendo la obra de gracia de Dios sobre su pueblo pueda maldecirlo.  El pueblo del Señor está expuesto a sufrir toda clase de persecuciones, insultos y daños, pero también Dios se glorifica en su pueblo y es capaz de abrir los ojos de los ciegos para que vean la Gloria del Señor en la iglesia (esto es, en los creyentes). 
Cuántos ateos no han quedado admirados de lo que hace Dios en medio de su pueblo.  Hace poco leía una nota de un medio periodístico que rechaza todo lo relacionado con Dios o la religión como lo llaman ellos, donde se mostraban asombrados de cómo un atleta olímpico (el escocés Eric Liddell), a principios del siglo XX, renunció a correr una carrera en los juegos olímpicos de Paris por que caía en Domingo, y al competir en otras carreras de las Olimpiadas donde no estaba preparado para correr, ganó medalla de oro, porque “yo honraré a los que me honran” (1 Samuel 2:30).  La gracia de Dios, su bendición y santidad hacen brillar al pueblo de Dios, de manera que aún los incrédulos pueden quedar asombrados de la gran obra que ha hecho Dios con su pueblo.
Balaam exclamó: ¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, Tus habitaciones, oh Israel!
Maravillado de cómo Dios había dispuesto a su pueblo en el lugar que les prometió.  Comparó al campamento del pueblo de Israel con hermosas figuras: arroyos que fluyen, jardines junto al río, áloes plantados por el mismo Dios, grandes y fuertes cedros junto a las corrientes de aguas.  A Balaam por ese momento le fueron abiertos los ojos y vio la hermosura de la obra de Dios en Israel.
La Iglesia del Señor tiene una heredad más excelente que la Canaán terrenal.  La iglesia, el pueblo conformado por todos aquellos que se han arrepentido, han creído en Cristo para salvación y permanecen en Cristo dando fruto, ha sido sentada en lugares celestiales juntamente con Cristo.  Tiene un lugar de honra especial. Los hijos de Dios no son de la Jerusalén terrenal, sino de la Jerusalén de arriba.  Esa es nuestra patria.  Todo cristiano debiera maravillarse más de lo que Balaam estaba maravillado por las tiendas de Israel, y exclamar: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado” (Salmos 16:6).

El mundo puede ver la gracia de Dios en su Iglesia.  Con estas palabras nos mandó el Señor Jesús: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:16).  No somos salvos por obras, pero ellas son importantes para confirmar la obra de Gracia hecha por Dios en nuestros corazones.  Si Dios ha transformado nuestros corazones, lo ha transformado todo en nuestra vida, de tal modo que nuestras obras ya no deben ser malas.  Termino con las palabras del Apóstol Pablo a Tito : “no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.” (Tito 2:10).

jueves, 6 de abril de 2017

DEVOCIONAL DIARIO - Bienvenido Cristo, Bienvenida muerte


“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;
Porque han visto mis ojos tu salvación,” Lucas 2:29-30
Este pasaje llamado el Salmo de Simeón, nos muestra un cuadro hermoso del encuentro de un alma con Su Salvador.  Probablemente Simeón escuchó desde su niñez sobre La promesa hecha por Dios a Israel (Isaías 9:6) de que vendría un Salvador.  Ahora por fin puede ver el cumplimiento de una promesa especial que le fue hecha por el Señor a él: que sus propios ojos verían al Salvador.
Pero más que un Salvador, Simeón estaba viendo la Salvación misma, la Salvación hecha carne.  Él había tomado la Salvación en sus brazos, y estaba embelesado en esa visión celestial. 
Esta es la experiencia de toda alma salvada por el Señor.  La salvación no es un mero trámite, o un proceso frío, sino la experiencia más impactante que puede tener alguien en la vida. 
Aquellos que han visto la Salvación, que han tenido la Salvación en sus brazos, sienten que no necesitan nada más.  Simeón había recibido la promesa de que no moriría sin ver al Ungido de Dios (a Cristo).  Según se cree, Siméon sería ya un anciano, pero aún cuando hubiera sido un niño, creo que tendría la misma reacción: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz.”  Esta es la reacción de aquellos que ven la Salvación.  Aquella revelación es tan sublime y tan maravillosa, que el hombre salvado no necesita nada más, no quiere nada más, porque ya está totalmente satisfecho.  Está preparado ya para la muerte, o lo que venga, porque sus ojos han visto la Salvación y nada puede superar a eso.  El alma está completa en Cristo, y nada le falta. 
Matthew Henry dijo respecto a estos versículos: “Los que dieron la bienvenida a Cristo, pueden dar la bienvenida a la muerte.”

Mira al Salvador, y no querrás ver nada más.  Prueba la benignidad del Señor, y todo lo demás te parecerá insípido.  Toma la Salvación en tus brazos, y nada caldeará más tu corazón que tener a Cristo en tu regazo.